Esta historia puede parecer increíble.
Cuando yo tenía unos treinta años, fui un dia a la ciudad de Salamanca con un grupo de misioneros para evangelizar. Era casual que en esa ciudad había nacido y se había criado mi padre, cerca de la Clerecía, Salamanca, y yo siempre he vivido en Madrid.
Estando en el casco antiguo, me aparté del grupo, y en la pequeña plaza de San Benito, hablé de Dios a un francés de unos 30 años, de baja estatura. Él me dijo tranquilo que no necesitaba de Dios y se fue algo triste.
Entonces yo sentí una extraña gran tristeza por esa persona. Era la primera vez que me ocurría eso. Yo no entendía por qué yo sentía tanta pena por alguien.
Entonces quise saber por qué yo tenía esa gran tristeza.
Busqué un sitio tranquilo para meditarlo. Había mucha gente alrededor.
Caminé y vi una puerta abierta de una iglesia. Era la iglesia del Espíritu Santo, la Clerecía. Allí dentro, era sitio tranquilo para pensaren lo que me ocurría. Busqué algún rincón más tranquilo, hacia el lateral izquierdo.
Al momento cuando iba a girar para sentarme en un banco, ante mis ojos vi el clavo sobre los pies de una escultura de Cristo en la cruz.
Entonces sentí algo que me pareció imposible.
Tuve la certeza absoluta de que yo fui quien clavé los pies en el medero, al mismo Cristo, hace unos dos mil años.
Y sentí que lo hice con la intención de que Cristo, que yo sabía que es mi mejor amigo, no se moviera de la cruz, y muriera. Es decir, yo entendía que yo había hecho lo peor que se pudiera hacer: a la mejor persona, Cristo, quien .as me ama, yo mataba voluntariamente.
Me di cuenta de mi grandísima culpa. Caí de rodillas ante esa cruz. Lloré como nunca de fuerte en mi vida.
Como yo era consciente de que en ese momento podía haber gente en esa iglesia, para no molestarles con el ruido de mi llorar, me tapé mi boca con mis manos con todas mis fuerzas.
A la vez, yo entendía que Cristo, desde la cruz, con sus brazos abiertos me miraba con infinita paz, amor, me sonreía, y me perdonaba totalmente.
Desde entonces cuando me preguntan, cómo me convertí, suelo comentar esta experiencia.
Investigué en la Biblia dónde dice que con una escultura uno pueda tener una experiencia de sanación y salvación. Encontré, Juan 3:16.
Pues ahí se está haciendo referencia, dos versículos antes, a la escultura que Moisés levantó de una serpiente. Quien con herida mortal de mordedura de serpiente, se salvaba solamente mirando esa escultura. Similar a esto fue simbólicamente lo que me ocurrió, solamente mirando la escultura de quien llevó mi pecado, me sentí salvado.
...........
Conclusión: en la muerte de Cristo, por nosotros, está nuestra salvación. Nos perdona al arrepentimos. Pues ¡¡¡ él ha resucitado!!!
.........
Oración: Señor Jesucristo perdona el mal que he hecho, me arrepiento. Gracias por tu perdón y salvación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario