martes, 29 de abril de 2014

82) Querer tocar una ballena.

3 de Agosto del 2012, Montañita, Ecuador.           
Estaba en la costa de Ecuador, viendo a la distancia ballenas saltando. Y quería verlas más cerca, e incluso dije a mi amigo José de Guayaquil: "quiero tocar una ballena", pues yo quería saber cómo era la resistencia de la piel de la ballena, pues podría ser un dato para la investigación de refugios a tsunami en que yo trabajaba.
Lo que dije parecía como idea de niños, pues: ¿cómo iba a ser posible tocar una ballena?.
Pero algo dentro de mi me impulsaba a creer que podría ser posible. Yo nunca antes había pensado en tocar una ballena.
Y lo sorprendente es que, creo fue al día siguiente (quizá 2 ó 3 días después), en la playa donde estábamos nos dijeron que había una ballena muerta (al parecer recién muerta) en la arena. Era grande, de unos 12 metros o mas. No podía creer encontrarme con una ballena tan de cerca. Nunca antes había visto algo como eso. Y efectivamente, me acerqué y la toqué y pude apreciar la resistencia de la piel, que era lo que quería.
Parece como imposible, que alguien quiere tocar una ballena y como día siguiente lo toca.

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Conclusión: Parece que cuando deseamos algo como si fuéramos niños, es más fácil hacerse real.
Petición: Que nuestros deseos, se hagan realidad, si es voluntad de Dios.

domingo, 20 de abril de 2014

81) Domingo de resurrección.

20 de abril del 2014, Toledo.                        
Faltaban unas 5 horas para comenzar el domingo de Resurrección. Yo estaba en Madrid y quería ver algo de interés en relación a la Resurrección.
Busqué en internet y leí que la semana santa de Toledo era la mejor (o de las mejores) de España, y que en esa madrugada, a la 1 de la mañana del domingo, saldría una procesión de resurrección, desde la iglesia de San Andrés.
Yo no conocía esa iglesia. En Toledo hay muchas iglesias. Al momento llamé por teléfono a mi amigo Javier, estudiante de teología, pues él vivía antes en Toledo. Le pregunté si estaba él en Toledo, y sin decirle más, él me dijo que visitara la iglesia de San Andrés, ¡me sorprendí pues a esa iglesia quería ir yo! Además me dijo que muy pocas veces se puede visitar esa iglesia, y esta noche de madrugada se podría.
Fui entonces a Toledo con mi amigo Omar de Puerto Rico. Llegamos tarde en la noche a la zona vieja de Toledo, como una hora antes del domingo.
Al comenzar a caminar por esas calles estrechas y tan históricas de Toledo, le dije a Omar que yo presentía que me iba a encontrar allí a alguien de los jóvenes del pueblo de Noblejas.
Fuimos hacia la iglesia de San Andrés. Y antes pasamos por la catedral que a esas horas estaba abierta y preciosamente iluminada celebrando la resurrección, en el que hacían rodar una rueda de madera llena de campanitas que sonaban como de celebrar fiesta. Es decir se notaba el ambiente de fiesta.
Después llegamos a San Andrés. Una iglesia más bien pequeña, hermosa, muy antigua, del siglo XIII, con partes construidas con formas de la cultura árabe. Para mi era curioso, allí ver un cuadro de la forma en que fue crucificado San Andrés, en forma de X, y eso estudié en las clases de arquitectura.
Al momento iban a sacar desde la iglesia a la calle el Paso (o llamado Trono) de una escultura que representa a Cristo resucitado. Lo cargaban 8 personas. Me fijé que una de esas personas era una señora mayor, y yo pensé que ella no podría soportar el peso. Me entristecía ver a ella así. Yo quería ayudarla y ponerme junto a ella para cargar el Paso. Al momento un sacerdote, con túnica blanca, me pidió que me pusiera junto a esa mujer y ayudara a cargar el Paso.
Así lo hice al instante. Me di cuenta cuán pesado era el trono. Me acordé que tenía yo problemas con la espalda. El gran peso me hacía dolor en la espalda y hombro. Poco después esa mujer, junto a mi, bajo el trono, me dijo que sin mi ella no podría haber llevado eso.
Me sorprendí que a los pocos minutos de llevar el Trono, se me quitara el dolor de espalda. Como si me hubiere sanado. Como si hubiere resucitado mi cuerpo de algún modo.
Me sentía contento. Vi que al lado estaba el seminario y las puertas abiertas. Entramos, y en el claustro que estaba vacío, comencé a cantar un canto tipo gregoriano, pues el eco que producía la piedra de los muros me invitaba a ello. Al terminar de cantar, notamos que los sacerdotes empezaron a cantar, como si les hubiere animado a ello.
Después de esto cuando estábamos a punto de salir de la muralla de la ciudad antigua de Toledo, en ese momento alguien me llamó fuerte y contento por mi nombre. Era precisamente uno de los jóvenes de Noblejas. Él se sorprendió de la coincidencia de encontrarme allí. Pues nunca antes, desde hace unos 5 años que lo conozco me había encontrado a alguien de Noblejas fuera del pueblo.
Y casualmente a él, llamado Alejo, yo le llamaba “Alejo que llegará lejos” y es el que más lejos he encontrado. Y él al momento dijo a su amigo, con quien iba, que yo hacía milagros. Aunque aclaré entonces que más bien eran “coincidencias” o cosas que Dios hace y no yo.
Al día siguiente, ya en Madrid, vi que había que trasladar una pesada cruz, de unos 80 kg hacia la iglesia de Amistad Cristiana, y que se requería 3 personas para llevar, y a causa de sentirme sanado, me atreví a llevarla yo solo. Y aunque notaba el gran peso, en un momento pensé que Cristo dijo que su carga era ligera, entonces en ese mismo instante, me sorprendí pues no sentí peso, como si la cruz fuera hecha de cartón ligero.
Conclusión: Quizá cuando se celebra algo en cierto día, hay algo que motiva a ser realidad lo que se celebra.


Oración: Que podamos resucitar.