7 de junio del 2026.
1. Hoy me desperté una hora antes que sonara el despertador para ir a la misa del Papa. La última vez que estuvo el Papa en mi ciudad, Madrid, no pude verlo. Me entristecí pero pensé que la próxima vez que pueda verlo, Dios hará algo para recompensar.
2. Este 7 de junio, día del Corpus Christi, al despertar me sentía cansado. Quería seguir en la cama. Pero algo me decía que tenía que aprovechar haberme despertado antes para salir antes de casa y así probablemente conseguir un sitio más cercano para ver al papa.
3. Así lo hice. Salí de casa a las 7 de la mañana. A esas horas ya habían mares de gente caminando juntos y algunos cantando hacia esa misa. Era muy hermoso.
4. Llegué a tiempo. Incluso me situé junto a la valla donde iba a pasar el papamóvil.
5. Coloqué junto a la valla una silla plegable. La mochila dejé entre la silla y la valla.
6. Aún faltaba dos horas para que pasara el Papa. Me puse a leer el Libro de Horas. Era un día soleado. Yo llevaba puesta la gorra.
7. Antes de lo que esperaba, ya estaba la gente levantando sus manos porque iba a pasar el Papa.
8. Me levanté. Yo tenía en una mano el libro y en la otra mano la gorra.
9. Para saludar al Papa con la mano, dejé caer la gorra sobre la mochila, la cual tenía entre mis piernas.
10. Ya estaba el papamóvil al lado.
11. El Papa estaba mirando hacia el otro lado saludando.
12. El vehículo pasó. Yo ya quedaba atrás. Pensé que perdí la oportunidad de saludarnos.
13. Al momento el Papa giró la cabeza hacia atrás. Miró un instante hacia la zona donde yo estaba y nos saludó con su mano y yo con mi mano libre le saludé.
14. Fue solo un instante. No sabía si aunque fuera el mínimo tiempo posible había sus ojos cruzados con los míos.
15. Entonces sabiendo que la persona que junto a mí estaba lo había grabado le pregunté si me podía mostrar el vídeo. Me lo mostró y entendí que el Papa había mirado a todos.
16. Al momento la gente que estaba a mi alrededor fueron rápido hacia donde se dirigía el Papa.
17. Entonces me puse a buscar la gorra que había dejado caer sobre la mochila.
18. Me sorprendí que no encontraba la gorra. Miré alrededor hacia el suelo.
19. Al momento, un policía, quien me veía buscando me preguntó si había perdido algo.
Me llamó la atención que un policía me preguntaba si buscaba algo cuando sólo estaba pocos segundos buscando.
20. Le dije que la gorra la tiré sobre la mochila.
21. Pensé que probablemente la gente que se había ido rápidamente alguno creería que la gorra era de ellos y se la llevó sin querer.
22. También en ese momento había otra persona cerca, un señor de unos 45 años, que escuchó lo que dijo el policía. Se me pasó por la mente, al ser esa persona la única que estaba al lado, que ella la hubiere cogido pensando que alguien olvidó la gorra al verla en el suelo. Yo no quería que esa persona se sintiera incómoda pensando que o el policía o yo o ambos consideraramos la posibilidad de que él lo hubiera cogido.
23. Entonces el policía me preguntó ¿no la tendrá usted dentro de la mochila?. Pensé, eso es imposible, yo no la he metido ahí. Pues no tiene sentido que en un día soleado de junio que es el mes con más horas de sol yo guarde la gorra en la mochila. Además era complicado abrir y cerrar la mochila que tenía problemas con el cierre. De todas formas sentí paz. Me agaché. Abrí la cremallera de la mochila.
24. Me sorprendí. Vi allí la gorra. Pensé si quizá alguien al ver caer la gorra la metiera en la mochila y cerrara la cremallera. Pero pienso sería imposible porque yo tenía la mochila entre mis piernas y hubiera percibido el cierre de esa complicada cremallera. Luego consideré que quién sabe si un ángel actuó. Pues en el libro de San Mateo 28-2, un ángel movió rodando la gran piedra de la tumba de Cristo. Movió, por así decir, una enorme cremallera de piedra. No quiero decir de un milagro de que mi gorra traspasara la tela de la mochila, sino más sencillo, que lo que pareciere un despiste mío fuera que Algo del cielo me hiciera guardar la gorra en la mochila, de forma incosciente o sin darme cuenta. Como si un ángel hubiera utilizado mi cuerpo un instante para guardar la gorra, con el objetivo de que haya paz, en especial de esa persona de unos cuarenta y cinco años.
25. Pedí perdón al policía. Quedamos todos en paz.
26. Aunque estoy seguro que no metí la gorra en la mochila, parece más razonable que haya sido un despiste mío antes que haya sido un milagro. Sería un milagro "demasiado" grande. Si bien Dios puede hacer cualquier milagro. Tampoco descarto que haya podido ser un milagro, pues le he dado bastantes vueltas que cómo no recuerdo haber metido la gorra en la mochila.
27. Cabría añadir el nombre de la marca de la gorra. Boss. Para la empresa que lo fabrica quiere significar: Jefe. Y precisamente en la Iglesia, su jefe en la tierra es el Papa, y el jefe supremo, Cristo
28. Cabe pensar como metáfora o moraleja que uno no es por sí mismo el jefe para mover siempre lo que quiera a su antojo, pues dependemos de otras personas que ayudan.
29. Poco después descubrí que desde donde yo estaba sentado, zona W3, veía a cierta distancia al Papa celebrando la Eucaristía.
30. Creo que los buenos frutos de hoy fueron por intercesión indirecta del Espíritu de Dios en el Papa León XIV, con el objetivo de que haya paz y crezca la fe.

